Para ti, amiga mía. Recuerda que a veces después de tiempos soleados, llueve en nuestro interior, pero que la tormenta pasa, y el sol vuelve a salir. Y mientras siga lloviendo, simplemente ¡saquemos un paraguas para no mojarnos!
Recuerdo a mi profesor de ciencias preguntando:
- ¿Cuáles son las funciones de los seres vivos?
Y recuerdo que toda la clase respondíamos como loros sin pensar realmente lo que estábamos diciendo:
- ¡Nacer, Crecer, Reproducirse y Morir!
También nos decían que el ser humano nos diferenciábamos del resto de los seres vivos en que nosotros (creyéndonos especiales) tenemos el poder de la razón.
Lo que nadie nos contó, era que tal vez la posesión de la razón más que una bendición, a veces, complica nuestro supuesto sencillo trascurso de la vida. Y que nada iba a ser tan fácil como nos hacían creer en el colegio.
Primero nacemos. Y lo hacemos en una familia, en un entorno y con unos recursos que nosotros no elegimos. (Esto no nos importaría si no tuviéramos razón, pero la tenemos.) Nacemos condicionados y por mucho que vivamos en el siglo XXI y que se nos diga “Vuestra estrella puede cambiar” hay que ser realistas, nuestras posibilidades están limitadas y para romper esas barreras hay que empujar con la fuerza de cien titanes.
Somos niños y claramente no tenemos herramientas para forjar nuestra propia vida, dependemos de nuestros padres, familiares, tutores, etc. Si ellos no nos dan de comer, nosotros morimos desnutridos, ni no nos acunan lloramos hasta no poder más, y son ellos quienes finalmente consiguen o no que tengamos una infancia feliz.
Ellos marcan el camino cuando eligen a que colegio debemos ir, o si debemos creer en la iglesia católica, en el islam o en el dios del sol. Porque allí conoceremos personas, amigos, enemigos, gente corriente, gente no tan corriente y profesores (que son una especia aparte) que formarán parte de nuestra vida, que nos provocarán frustraciones, o que nos ayudarán a ver la luz en el camino hacia el final.
Crecemos. Y lo hacemos de maneras muy distintas. Ya no somos capaces de soportar lo mismo que cuando éramos pequeños. Tenemos poder de decisión, tenemos razón, y tenemos la oportunidad de decir lo que sí y lo que no nos gusta.
Así pues intentamos comenzar nuestro propio camino, aunque es muy difícil desprenderse de los parásitos externos (a ver si me explico, no os estoy llamando parásitos: papá, mamá, gente de mi alrededor, no os sintáis mal. Me refiero más bien a las ideas parasitarias: ideas que no son propias, pero que están ahí desde el origen de los tiempos y que creemos que son nuestras.). Tan difícil es, que incluso nos sentimos culpables por querer romper esa cuerda que nos ata y decir adiós a esas personas que nos hayan hecho bien o mal, tenemos que separar de nosotros.
En el crecimiento encontramos mil y un dilemas que tenemos que resolver, vemos como desaparecen personas a las que queremos, vemos como esas personas a las que queremos a veces no nos quieren, y vemos como a pesar de estar gritando tan fuerte que hasta la más lejana estrella nos escucharía, aquí en la tierra no nos oye nadie. Y nos sentimos solos, pequeños y débiles.
Nos reproducimos. La palabra reproducción debería estar extinguida. Las personas no nos reproducimos. Las personas nos enamoramos, nos atraemos, jugamos, hacemos el amor, follamos, luchamos por no tener hijos por obligación, luchamos por tenerlos si es que así lo queremos…Puede que la misión final sea reproducirse y que la especie no desaparezca, pero eso no le importa a nadie, sino la televisión estaría llena de documentales de la dos y veríamos a Miguel Ángel Silvestre y a Blanca Suarez por ejemplo de esta guisa:
Miguel Ángel Silvestre:
- ¡Hola! ¿Nos reproducimos?
Blanca Suarez:
- ¡Vale!
Mientras escuchamos de fondo la voz de Félix Rodríguez de la fuente diciendo:
- Se acerca el humano de sexo masculino y ¡PAM!...
Pero en cambio tenemos horas y horas de indecisión, de ¡Si quiero!, ¡No quiero!, de ¡Nuestras religiones nos impiden estar juntos!, de ¡Me marcho durante treinta años y al volver aún existe una llama que quema y que traspasa la pantalla!
Morimos. Todos deberíamos morir cuando nos toca. Cuando seamos viejitos y miremos atrás sonriendo las cosas buenas y malas de la vida. Pero no es así, perdemos a seres queridos, a amantes, a amigos antes de tiempo…Pero nosotros seguimos aquí. Nosotros tenemos que seguir viviendo.
- ¿Cuáles son las funciones de los seres vivos?
Y recuerdo que toda la clase respondíamos como loros sin pensar realmente lo que estábamos diciendo:
- ¡Nacer, Crecer, Reproducirse y Morir!
También nos decían que el ser humano nos diferenciábamos del resto de los seres vivos en que nosotros (creyéndonos especiales) tenemos el poder de la razón.
Lo que nadie nos contó, era que tal vez la posesión de la razón más que una bendición, a veces, complica nuestro supuesto sencillo trascurso de la vida. Y que nada iba a ser tan fácil como nos hacían creer en el colegio.
Primero nacemos. Y lo hacemos en una familia, en un entorno y con unos recursos que nosotros no elegimos. (Esto no nos importaría si no tuviéramos razón, pero la tenemos.) Nacemos condicionados y por mucho que vivamos en el siglo XXI y que se nos diga “Vuestra estrella puede cambiar” hay que ser realistas, nuestras posibilidades están limitadas y para romper esas barreras hay que empujar con la fuerza de cien titanes.
Somos niños y claramente no tenemos herramientas para forjar nuestra propia vida, dependemos de nuestros padres, familiares, tutores, etc. Si ellos no nos dan de comer, nosotros morimos desnutridos, ni no nos acunan lloramos hasta no poder más, y son ellos quienes finalmente consiguen o no que tengamos una infancia feliz.
Ellos marcan el camino cuando eligen a que colegio debemos ir, o si debemos creer en la iglesia católica, en el islam o en el dios del sol. Porque allí conoceremos personas, amigos, enemigos, gente corriente, gente no tan corriente y profesores (que son una especia aparte) que formarán parte de nuestra vida, que nos provocarán frustraciones, o que nos ayudarán a ver la luz en el camino hacia el final.
Crecemos. Y lo hacemos de maneras muy distintas. Ya no somos capaces de soportar lo mismo que cuando éramos pequeños. Tenemos poder de decisión, tenemos razón, y tenemos la oportunidad de decir lo que sí y lo que no nos gusta.
Así pues intentamos comenzar nuestro propio camino, aunque es muy difícil desprenderse de los parásitos externos (a ver si me explico, no os estoy llamando parásitos: papá, mamá, gente de mi alrededor, no os sintáis mal. Me refiero más bien a las ideas parasitarias: ideas que no son propias, pero que están ahí desde el origen de los tiempos y que creemos que son nuestras.). Tan difícil es, que incluso nos sentimos culpables por querer romper esa cuerda que nos ata y decir adiós a esas personas que nos hayan hecho bien o mal, tenemos que separar de nosotros.
En el crecimiento encontramos mil y un dilemas que tenemos que resolver, vemos como desaparecen personas a las que queremos, vemos como esas personas a las que queremos a veces no nos quieren, y vemos como a pesar de estar gritando tan fuerte que hasta la más lejana estrella nos escucharía, aquí en la tierra no nos oye nadie. Y nos sentimos solos, pequeños y débiles.
Nos reproducimos. La palabra reproducción debería estar extinguida. Las personas no nos reproducimos. Las personas nos enamoramos, nos atraemos, jugamos, hacemos el amor, follamos, luchamos por no tener hijos por obligación, luchamos por tenerlos si es que así lo queremos…Puede que la misión final sea reproducirse y que la especie no desaparezca, pero eso no le importa a nadie, sino la televisión estaría llena de documentales de la dos y veríamos a Miguel Ángel Silvestre y a Blanca Suarez por ejemplo de esta guisa:
Miguel Ángel Silvestre:
- ¡Hola! ¿Nos reproducimos?
Blanca Suarez:
- ¡Vale!
Mientras escuchamos de fondo la voz de Félix Rodríguez de la fuente diciendo:
- Se acerca el humano de sexo masculino y ¡PAM!...
Pero en cambio tenemos horas y horas de indecisión, de ¡Si quiero!, ¡No quiero!, de ¡Nuestras religiones nos impiden estar juntos!, de ¡Me marcho durante treinta años y al volver aún existe una llama que quema y que traspasa la pantalla!
Morimos. Todos deberíamos morir cuando nos toca. Cuando seamos viejitos y miremos atrás sonriendo las cosas buenas y malas de la vida. Pero no es así, perdemos a seres queridos, a amantes, a amigos antes de tiempo…Pero nosotros seguimos aquí. Nosotros tenemos que seguir viviendo.
Yo no sé si tengo la fuerza de cien titanes, tampoco sé si podré llegar algún día a cumplir mis sueños y romper esos límites impuestos, tampoco sé si las personas a las que quiero seguirán conmigo o las perderé por el camino….
Lo que sí sé, es que voy a luchar por todo aquello que me hace feliz. Voy a luchar por mis sueños, por mis amigos, por mi familia, pero sobre todo voy a luchar por mí misma. Porque cada uno tiene sus propias funciones vitales, y es cada uno quien debe luchar por ellas.
Porque las funciones del ser humano no son, nacer, crecer, reproducirse y morir. La función del ser humano es ser feliz hasta el último aliento.
Lo que sí sé, es que voy a luchar por todo aquello que me hace feliz. Voy a luchar por mis sueños, por mis amigos, por mi familia, pero sobre todo voy a luchar por mí misma. Porque cada uno tiene sus propias funciones vitales, y es cada uno quien debe luchar por ellas.
Porque las funciones del ser humano no son, nacer, crecer, reproducirse y morir. La función del ser humano es ser feliz hasta el último aliento.
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